“Architecture comes from the making of a room” Louis I. Kahn
La belleza de la casa chorizo radica precisamente en que se remonta a algo muy lejano, tan simple como una habitación. Sus raíces llegan hasta la casa con patio romana, y sus brotes se expanden en Buenos Aires en distintos tipos de viviendas, desde conventillos, corredores cité, edificios de renta y palacios.
Con voluntad de reinterpretación, Avilés se construye, como la casa chorizo, a partir de una concatenación de recintos donde cada uno conserva su identidad y, al mismo tiempo, forma parte de una secuencia. Este encadenamiento introduce repetición, continuidad y diferencia.
Una estructura define el módulo de la habitación y su repetición coordina la sintaxis del conjunto. Los elementos verticales de apoyo, conformados en cruz, no terminan de decidir su condición, navegando en la ambigüedad entre ser columnas o muros, recinto cerrado o espacio continuo, estructura tectónica o masa excavada.
Subordinados a esta estructura, unos objetos paralelepípedos blancos, contienen roperos, cocinas, baños y se injertan dentro de la misma actuando como dispositivos “servidores” de los ambientes principales. Junto con otras piezas autónomas —como las escaleras escultóricas y las cortinas interiores, capaces de delimitar nuevos recintos—, introducen domesticidad, flexibilidad y variedad dentro de la rigidez del sistema.
Por último, como si de un vestido se tratara, la construcción se envuelve en cortinas: un artificio que aligera la pesada estructura y que, por momentos, busca incluso su desmaterialización.
El concepto de habitación funciona en Avilés como campo de experimentación. Una casa que encuentra en formas reconocibles de habitar no una imagen del pasado, sino una estructura tipológica capaz de producir nuevas relaciones y mantener activa la memoria.
